Las adicciones a las drogas e internet, merecen mejor atención

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La adicción a las drogas y alcohol es un problema que preocupa y crece de manera alarmante, pero no lo es menos la adicción a la música que obsesiona los adolescentes y jóvenes mal orientados, sobre todo aquella con alto grado de violencia que los muchachos reciben por diferentes medios, no sólo electrónicos. Más lamentable aún, que no se actúe de acuerdo a toda esa problemática que mantiene a tantas familias en el miedo y la incertidumbre, porque cada caso involucra no sólo a quienes viven con el afectado, sino a sus demás amistades y allegados, con la impotencia de no tener los medios de solución, a sabiendas de que en la entidad no hay una instancia que pueda resolver en tiempo y forma cada uno de los casos, con los resultados que ya son del dominio público.
Hay expertos que estiman que la adicción al contenido de las redes sociales dañinas incide hasta en el 80% de la problemática familiar, si bien esta y otras adicciones se relacionan, según padres de familia encues- tados en junio de 2017.
Nos acaban de informar que la última Encuesta Nacional de Adicciones arrojó un 47% de incremento en el consumo de sustancias prohibidas, por lo que podemos afirmar que es un problema de salud pública serio y multifactorial, y que “es responsabilidad de todos; y todos le echamos la culpa a todos, menos al que lo dice”, manifestó en entrevista con FUTURO el especialista Gerardo Macías López.
Expuso los parámetros esenciales de dicha problemática, y que se refiere a la depresión moderada-grave, psicosis, trastorno bipolar, epilepsia/crisis epiléptica; trastornos del desarrollo, trastornos conductuales por el uso del alcohol, uso de drogas y trastornos por el uso de drogas, autolesión/suicidio, entre otros.
El Dr. Macías López es Máster en prevención y tratamiento de las conductas adictivas por la Universidad de Valencia España, con licenciatura como médico cirujano por la UAA, curso de Gestión de servicios de salud mental OPS-OMS, diplomado en Gobierno, Gestión y Políticas Públicas CIDE, además con una experiencia profesional abultada y el antecedente de que al frente del sector salud en la entidad, llevó a cabo y puso en práctica una serie de acciones que ayudaron a contener le creciente descomposición social, que años más tardó se relajó hasta tener los indicadores actuales.
No podemos decir que los programas que ahora se tienen sean malos, pero hace falta que aterricen y sean prácticos, adecuarlos al tiempo actual, con encausamiento para la atención de tantas personas que por diver- sas causas están en esa situación delicada, para de esa forma mejorar la calidad de vida de las mismas.
Consideró recomendable que esos programas que se necesitan deben surgir des- de la sociedad y contar con la supervisión y respaldo de las propias autoridades, sin caer en la duplicidad de funciones y sobre todo con una instancia rectora que tenga poder de decisión.
Lamentó lo que difundieron diversos medios acerca del programa “Ámate” que anunció con buenas intenciones el gobierno de Martín Orozco Sandoval, y las apreciaciones de algunos asistentes, de que “fue mucha gente, menos los interesados” que prefirieron quedarse en sus casas porque no supieron o tampoco les interesó.
Estimaciones de los habitantes dicen que nueve de cada 10 adolescentes y jóvenes es adicto al alcohol, drogas o música, ésta última manifestada como la causante de mayores trastornos y comportamiento de las personas, que al mezclarse se convierten en una bomba que impacta a familias y vecinos con quienes convive la víctima, porque su contenido es altamente destructivo y a ello poca importancia se le da como adicción.
Coincidió con lo expresado con las autoridades de seguridad pública municipal, que dicen que alcohol y drogas es el mayor detonante de la delincuencia, y que a decir de su titular José Héctor Benítez López, hay niños de 10 años ya adictos, y puede observarse que a eso de las dos de la madrugada se ven incluso menores de 6 años que llevan alcohol para sus padres.
Se refirió en su experiencia a las sustancias que trastornan la mente y comportamiento de las personas, que destruyen familias y entorpecen el sano desarrollo social, porque está demostrado que muchos trabajadores y empleados de la industria de la construcción y otras ramas han bajado sustancialmente el nivel de productividad.
Propuso que además de la participación de las instancias públicas, deben intervenir y hacer su parte las iglesias, especialmente la católica y, sobre todo, los medios de comunicación que en luinformación de los encuentros estatales, nacionales e internacionales llevados a cabo aquí en esa dirección, pero no estaría por demás complementarlo con un trabajo de campo para saber lo que sucede en tantos hogares donde sus habitantes viven con tanta incertidumbre, con el bombardeo de la televisión y otros medios electrónicos, los alcances que ha tomado el uso indebido del internet con sus redes sociales donde se promociona el libertinaje y se hace apología del delito, sin omitir los eventos “artísticos” que autorizan las autoridades a sabiendas de las consecuencias que ocasionan a los asistentes, sobre todo a menores de edad que comúnmente consumen alco- hol en exceso.
¿Quiénes participarían?, “todos”: maestros, alumnos, padres de familia, comités de colonos, iglesias, medios de comunicación, organismos de la socie- dad civil y todo aquel servidor público que reciba un ingreso del sector público, no sólo estatal y municipal, sino también federal, pero hacerlo a la brevedad.
Por otra parte coincidió con la reciente recomendación de expertos de que ya se debe eliminar del lenguaje el término “suicidio” y sustituirlo por cualquier otro.
Yo lo único que les diría a todas esas familias que viven angustiadas, pero especialmente a los adictos a la droga, alcohol o música destructiva, que “siempre hay esperanza, siempre hay esperanza y siempre hay esperanza”.