No hablar “de” los pobres

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No hablar “de” los pobres

Por: José I. Vela Pérez

El inicio del año y los acontecimientos que trae consigo, obligan a los gobernantes a replantear formas y planes de trabajo.

La gran historia de nuestro Pueblo nos demuestra que en los momentos duros y difíciles hemos sido capaces de trazar caminos de virtud y solidaridad. El desarrollo humano integral, para todos, es el desafío de gobernantes y gobernados, dice el documento que acaba de emitir la Conferencia del Episcopado Mexicano, donde subraya que la unidad es superior al conflicto.

“La disposición para construir la paz y el bien común entre nosotros, es la mejor forma de fortalecer nuestra unidad”, señala.

La CEM hace un llamado a todos los actores de la sociedad a recorrer el camino de la paz, la justicia y la solidaridad, resolviendo de manera inteligente y creativa los grandes retos que se nos presentan. Esto, en particular relación al incremento de los combustibles sobre lo cual se exhorta a las respectivas instancias a “reconsiderar seriamente” esa medida, y la ciudadanía en general a no caer en actos de violencia, destrucción y mucho menos exponer ni atentar contra la integridad de ninguna persona, ni paz social.

También se subraya que en cada entidad se deben tomar las decisiones que reclama la gran mayoría de la población, dicen algunos, el 99% que muchas de las veces no se toma en cuenta para decidir el rumbo.

Destaca que se debe “asumir la responsabilidad que cada uno de nosotros tenemos en los espacios sociales que habitamos y compartimos, dejando atrás la indiferencia, el egoísmo y la sensibilidad de unos con otros, causa del lastre de la corrupción, la impunidad, el abuso y la avaricia”.

En el caso particular de Aguascalientes, las organizaciones y líderes con mayor representatividad, piden y a la vez exigen atender lo que el Papa Francisco llamó la “obra humana”.

No es lo mismo hablar “de” que “con” los pobres.
El Papa denuncia el flagelo que sufre la dignidad humana, no en abstracto, sino en la carne doliente de los pobres y excluidos, por lo que, precisa, “hemos caído en un pecado de idolatría del dinero. La economía se mueve por el afán de tener más y, paradójicamente, se alienta una cultura del descarte. Se descarta a los niños cuando se limita su natalidad. También se descarta a los ancianos porque ya no sirven, no producen, es clase pasiva…Al descartar a los niños y a los ancianos, se descarta el futuro de un pueblo porque los jóvenes van a tirar con fuerza hacia adelante y porque los ancianos nos dan sabiduría, tienen la memoria de ese pueblo y deben pasarla a los jóvenes. Este pensamiento único nos quita la riqueza de la diversidad de pensamiento y por lo tanto la riqueza de un diálogo entre personas” (Evangelii Gaudium).

Se trata, se insiste, de escuchar lo que dice y pide la gran mayoría de la población y no ese 1% que dicen los sociólogos son los que deciden desde el poder, desde las esferas del gobierno o bien dentro de algún grupo aparentemente representativo vinculado a tal cual Cámara ó asociación, que en su gran mayoría buscan servirse y no servir.
Ese uno por ciento que cada sexenio, en cada trienio, sólo cambia de nombre, y eso no siempre porque en el caso de los mercenarios de la comunicación son los mismos que manipulan la información y chantajean al gobernante en turno sin importar que sus acciones son contrarias, evidentemente, al bien común.

Bien lo dirían en el Consejo de Laicos, y algunas otras agrupaciones comprometidas con el bien común, cada peso que sale de las arcas públicas se convierten en balas que asesinan a la sociedad, y habrá que recordar que Martín Orozco y Tere Jiménez empeñaron su palabra de acabar con esos vicios y concesiones que tanto han lastimado las estructuras que nos mantienen la paz y la tranquilidad social, particularmente la familia y la Iglesia Católica.

Publicado en El Sol del Centro