Deuda de todos, con las próximas generaciones

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Por: MOURIS SALLOUM GEORGE

 

Los avances de la reciente Cumbre global de naciones contra el Cambio Climático (COP-27 de las Naciones Unidas) son muy importantes, casi históricas, pero insuficientes.

Ese fue el consenso en la clausura del magno evento —celebrado en Egipto en la segunda quincena de noviembre del presente año.

En esta nueva Cumbre, los representantes gubernamentales y los expertos hicieron una actualización del cumplimiento de los acuerdos y compromisos; así como de los desafíos que tiene la comunidad internacional para reducir el calentamiento global y prevenir los desastres por la alteración del clima en todo el planeta.

Al respecto, el informe de la ONU sobre el Cambio Climático, señaló que el cumplimiento de los compromisos actuales por parte de los gobiernos nacionales sitúa al mundo en la senda de un calentamiento de 2.5 grados centígrados para finales de Siglo XXI, pero se debe reducir a 1.5 grados.

Esto implica —según los expertos de la ONU— que las emisiones de gases de efecto invernadero deben reducirse en un 45 por ciento de aquí al 2030.

El mundo tiene, pues, urgentes tareas. Sobre todo, sigue faltando mayor compromiso de China, India, Estados Unidos y otras naciones de las que más contaminan el planeta.

Los países mencionados, por sus enormes dimensiones poblacionales y territoriales, junto con otros de los más desarrollados industrialmente, son los que más recursos consumen y los que más han perjudicado al medio ambiente.

Sin embargo, también han sido los más renuentes a firmar los compromisos exigidos.

Es pertinente mencionarlos porque cada cual debe asumir sus responsabilidades en los esfuerzos para reducir y eliminar las emisiones contaminantes.

No solo eso, hay que intensificar las exigencias globales para que asuman los cambios urgentes.

México no está exento de jugar un rol protagónico por revertir los daños al planeta.

En esa tendencia se había venido trabajando en otros gobiernos, pero el presidente Andrés Manuel López Obrador dio un giro de 180 grados al suspender o posponer el cambio hacia las energías limpias.

Está claro que el rescate y preservación del medio ambiente no han sido sus prioridades.

Por beneficio propio, siendo México una de las naciones con altos niveles de contaminación atmosférica y con mayores daños en sus ecosistemas, el gobierno debe privilegiar en todos sus proyectos el desarrollo sostenible.

Lo mal hecho se puede revertir, en buena parte y en todo el mundo, por fortuna, pero exige compromisos y sanciones a quienes infrinjan los acuerdos.

Es una deuda de todos con las próximas generaciones.