LOS ABOGADOS BUSCAMOS JUSTICIA: NO DEFECACIÓN

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Por: Alberto Woolrich*

 

Los jueces, magistrados, ministros, agentes del ministerio público o fiscales que merecen el elogio del Foro Independiente de la República, siempre lo obtienen por diversas virtudes: Unos por su probidad, por su inteligencia, por sus conocimientos, por su imparcialidad, por su acato a la ley, por su virilidad, otros por su sencillez, por su humildad, por su austeridad, por su finura en el trato.

 

Ser funcionarios de procuración e impartición de justicia, significa un alto honor que les concede el Estado, a fin de que hagan brillar a la justicia, es una gran responsabilidad de caminar con ella, codo a codo, en el abierto sendero de aplicar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

 

La justicia tiene sus estrellas y esas estrellas no admiten ni negligencias, ni omisiones, ni corrupciones, ni arbitrariedades, ni ignorancias en la aplicación de la ley.

 

Para procurar e impartir justicia es indispensable serle fiel: Como todas las virtudes, únicamente se manifiesta en aquellos que creen en ella, en aquellos que la dignifican y no la prostituyen, en aquellos que siempre recuerdan que la justicia no se vende, lo que se vende es la injusticia.

 

Los abogados mexicanos que comparecemos ante nuestros recintos de procuración e impartición de justicia, llevamos en nuestras causas argumentos justos y honestas razones para que se nos provea ella, pero nos asombramos y ello lo repudiamos cuando nos encontramos que en lugar de severos templos de justicia existen alucinantes circos de un Estado de Derecho, en los que, en cada carpa, concurren multiplicadas y deformadas formas de prostituir a la justicia, donde se hacen valer argumentos de intriga que nada tienen que ver con el derecho.

 

Por ello puede afirmarse que nos resulta complicado pero a la vez atrayente, poder utilizar nuestras togas para elogiar con serenidad, la dignidad y la prosapia de aquellos funcionarios públicos al servicio de procurar e impartir justicia, que con modestia, entusiasmo, conocimientos y gratitud la proveen, a diferencia de otros que reciben halagos en tribunas mañaneras, reconocimientos con sus respectivos nombramientos y asentimientos por encontrarse comprometidos con todo aquello que denigra; llámese corrupción, prepotencia, violación a las garantías individuales, negación del Estado de Derecho, torturas,  implicación de inocentes, fabricación de demostrativas de responsabilidad y unos muy largos, etc., etc..

 

Aquellos jueces, magistrados, ministerios públicos o fiscales que hora tras hora, como defensores de la justicia, en sus determinaciones, en la conducta propiciadora de un cambio, en la trinchera de oposición contra injusticia, inmundicia y arbitrariedad; son los que únicamente reciben los aplausos que de pie les brinda el Foro Independiente de la Nación.

 

Pero entremos en síntesis al tema:

 

El derecho —como bien sostenía Calamandrei— mientras nadie lo turbe, es invisible e impalpable; inadvertido, cuyo valor sólo se conoce cuando nos damos cuenta de haberlo perdido, pero cuando el derecho es amenazado o violado, fustiga a los abogados y ese derecho se convierte en expresión concreta de voluntad operante a través de su palabra y de su acción.

 

Los jueces, los abogados, las togas honorables de la procuración e impartición de justicia son y se convierten en la hombría del derecho, sólo de ellos puede esperarse la tutela que promete la ley. Sin ellos la voz del derecho queda desvalida y lejana en un mundo de ideales y sueños.

 

Hoy a consecuencia de la herencia del neoliberalismo, la Academia de Derecho Penal del Colegio de Abogados de México, desea destacar: Que existen togas de honorabilidad, muy diferentes a las de putrefacción y que la profesión que detentan jueces y litigantes es muy frecuentemente calumniada por ciertas autoridades que se obstinan en proteger y defender a la narcopolítica y que para defender a la justicia de esa malicia vulgar y demagoga, debemos de recordar la naturaleza de nuestra misión y conservarla con valentía y emoción de esos ataques furibundos.

 

Es cuanto.

 

Lic. Alberto Woolrich Ortíz.*

Presidente de la  Academia de Derecho

Penal del Colegio de Abogados de México, A.C.,