El Misterio de la Santísima Trinidad

0
393

 

Por P. José A. Zabalza Gulina

La Trinidad Santísima es el inicio, camino y meta de toda nuestra vida cristiana; hacia ella tiende la esencia de nuestro existir y de ella toma su más profundo significado. De un libérrimo deseo de su amor hemos sido creados a su imagen y semejanza, para poder participar de su misterio, dándonos la capacidad de ser amados y amar, asociándonos a su vida divina por medio de Cristo.

Desde el momento de la encarnación el Padre de Nuestro Señor Jesucristo delineaba, de una forma clara, nítida y cristalina, que la vida de su Hijo en la tierra sería proclamar con profundidad el misterio de la Trinidad de amor, que invita al Reino a todo hombre que se deja abrazar por su amor. Si leemos cada pasaje del Evangelio donde se nos habla de la obra del Hijo de Dios, encontramos una revelación clara y constante del Misterio Trinitario en el misterio de Cristo; de donde deducimos que, si cada uno de nosotros, como hijos de Dios, vivimos en plenitud el misterio de Cristo, estaremos viviendo intrínsecamente dentro del misterio de Dios, que es Trinidad de amor.

Hoy el salmo nos invita a cantar: “Dichoso el pueblo escogido por Dios”, y sabemos que el pueblo de Dios es la Iglesia. Cada uno de nosotros somos parte del Cuerpo Místico de Cristo, y hemos de sentirnos dichosos, porque hemos sido escogidos por Dios Trinidad para hacer de nosotros morada viva de su presencia, por el misterio de la inhabitación en nuestras almas (Jn 14,23). Esta hermosísima verdad, revelada por Cristo a su Iglesia, fue profundizada con gran claridad por Teresa de Jesús que, guiada por el Espíritu Santo, maestro de oración en la vida cristiana, la fue introduciendo al misterio de Dios que habitaba en ella, en su más profundo centro.

¿Cómo no ha de sentir dicha y gozo el pueblo escogido por la Trinidad Santísima, si su presencia está, de manera dinámica y activa, en nosotros, enriqueciéndonos y santificándonos con el auxilio de su gracia para darnos su salvación en Cristo? ¿Quién podrá sentirse lejos de Dios?

La vida cristiana inicia con el bautismo, donde nos convertimos en hijos del Padre, hermanos del Hijo y templos vivos del Espíritu Santo, quedando asociados al misterio de Dios. El Misterio Trinitario es el corazón del Evangelio, donde Cristo, el enviado del Padre, obra movido por el deseo de salvación que nace del corazón de su Padre, inspirado por el salvífico amor del Espíritu Santo. Sabemos que en la Trinidad Santísima hay un deseo salvador que mueve el actuar de cada divina Persona que comparte una esencia divina, que es el ser de Dios.

La vida de Cristo es trinitaria y nuestra vida cristiana lo ha de ser también; de hecho, cuanto más le imitemos, más trinitarios seremos, al cumplir en nosotros del deseo salvador del Padre y ser guiados por el Espíritu Santo.

La Trinidad Santísima es donación de amor en Cristo, camino, verdad y vida, el enviado del Padre y el que nos prometió al Espíritu Santo que nos llevaría a la verdad plena. ¿Deseas profundizar tu relación con la Trinidad de amor que vive en tu interior? Frecuenta los sacramentos que Jesús, por deseo del Padre instituyó, inspirado por el Espíritu Santo, porque en ellos, de forma mística, en la persona de Cristo, recibimos al Padre y a su Espíritu de amor sustancialmente.

Principalmente en la Eucaristía, sacramento del amor que es el cuerpo y alma, divinidad y humanidad del Hijo de Dios, recibimos sustancialmente a la Trinidad de amor, porque Cristo nunca dejó de ser Dios, y, recibiéndole con amor, recibimos en él a Aquel que le envió y al que le hace presente en el momento de la transubstanciación, que es el Espíritu Santo de Dios. Encuentra también el reflejo y presencia de la Trinidad de amor en tu hermano, que es imagen y semejanza de Dios y morada viva de su presencia.

La Trinidad, que es vida, quiere vidas en amor; seamos mensajeros de la Trinidad, siendo fieles a la misión de Cristo, su enviado, y prediquemos con valentía que el Padre de las misericordias a su Hijo nos envió para salvarnos en amor, y que el Espíritu Santo, promesa de Dios, nos ha sido dado para que vivamos como hijos de Dios, conducidos a la verdad plena, y lo reflejemos inmersos en el misterio de Dios, que es la Trinidad de amor, anunciándolo al mundo con obras vivas de servicio y caridad.