“¡RESUCITÓ!”

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Por Alejandra Ma Sosa E

 

¿Crees en Cristo?

Si dijiste que sí y alguien te preguntara por qué crees en Él, ¿qué responderías?

¿Que naciste en un hogar católico y así seguiste? La inercia nunca ha sido suficiente razón para la fe.

¿Que consideras que Cristo fue un gran pensador?  Ha habido muchos grandes pensadores a lo largo de la historia, ¿por qué seguir a uno al que aparentemente le fue tan mal?

¿Que porque hablaba bonito?  ¡No siempre!  Cierto que dijo cosas maravillosas -los guardias que mandaron a apresarlo regresaron diciendo: ‘¡nunca nadie habló como ese hombre!” (Jn 7,46)- pero a veces decía cosas terribles, exigentes, que les ponían a sus oyentes (y todavía les ponen) los ‘pelos de punta’: como eso de tener que bendecir a los que nos maldicen, orar por los que nos persiguen, poner la otra mejilla (ver Lc 6, 27-38).

Piénsalo un instante: ¿por qué crees en Cristo?  ¿Qué te hace querer conocerlo y escuchar Su Palabra?, ¿qué te mueve a aceptar el modo de vida tan difícil que propone?, ¿por qué estás dispuesto a creerle?

Debe haber una sola razón. La única válida. La que justifica todo, la que permite mantenerse en el camino del seguimiento de Jesús aunque resulte difícil tener que amar a los otros, aunque sea enojoso tener que perdonarlos siempre, aunque resulte cansado eso de dar sin esperar nada a cambio.

La razón existe y es ésta:   ¡Resucitó!

Jesús dijo:  “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6)

Ningún profeta dijo eso de sí mismo. Sólo Jesús se ha atrevido a decir que es La Vida. Si no hubiera resucitado, hubiera sido un mentiroso.  Y si hubiera mentido en eso, hubiera mentido en todo lo demás, y nada de lo que hubiera dicho o hecho hubiera valido la pena.

Dice San Pablo que si Jesús no hubiera resucitado seríamos los más infelices de los seres humanos (ver 1 Cor 15, 19), claro, frustrados, tristes, furiosos por habernos dejado embaucar, por haber desperdiciado toda una vida creyendo una utopía.  Pero ¡no es así! porque Cristo sí resucitó.

Y la Resurrección de Jesús le da validez a todo.  Le da credibilidad a todo lo que anunció, a todo lo que pidió y prometió.

La Resurrección de Jesús no vuelve fácil lo difícil (el tener que servir,  amar, devolver bien por mal, comprender, edificar el Reino), pero le da sentido, lo ilumina, e incluso -y aunque parezca imposible- lo llena de paz y de alegría.

La Resurrección de Jesús hace que valga la pena creer en Él, es decir, seguirlo.  ¿Por qué? Porque la Resurrección de Jesús no es algo que sólo le afecte a Él, sino a nosotros también.

Jesús dijo:  ‘El que crea en Mí no morirá para siempre.’ (Jn 11, 26)

¿Qué significa esto? Que creer en Jesús Resucitado nos permite seguirle fuera del sepulcro, resucitar, compartir con Él la vida eterna.

Creer en Jesús Resucitado es creer en Aquel que realizó lo inimaginable, lo imposible: derrotar a la muerte, derribar ese muro tremendo que nos encerraba en una existencia limitada, chata, sin horizonte ni esperanza.

Creer en Jesús Resucitado es decirle sí y tener la seguridad de que no se camina simplemente tras un gran profeta que murió en una cruz,  sino que se sigue al Hijo de Dios que invita a ir con Él, anuncia la salvación, promete la vida eterna y lo cumple.

Hoy celebramos que Jesús resucitó, que tiene poder para vencerlo todo, incluso la muerte, y que nos toma de la mano para hacernos salir de nuestros sepulcros, de nuestros miedos, pecados, dolores, tristezas y desesperanzas.

Hoy celebramos que podemos encontrarle sentido a nuestra existencia, incluso a lo más negro o angustioso, porque sabemos que con nosotros va el Resucitado y con Él a nuestro lado podemos siempre cantar, como el salmista:

El Señor es mi luz

y mi salvación,

¿a quién temeré?

 

El Señor es la defensa

de mi vida,

¿quién me hará temblar?

…Espero gozar

de la dicha del Señor

en el país de la vida.

 

Espera en el Señor,

sé valiente,

ten ánimo,

espera en el Señor…”

(Sal 27, 1. 13-14)