Descansa en paz, Ernesto, ya cumpliste tu jornada

0
509

Ernesto Gutiérrez Gaytán: Hasta luego, viejo amigo

(Escrito este martes 10).

Ayer, lunes 09 de noviembre del fatídico año 2020 falleció mi compañero periodista y amigo Ernesto (“Cochinilla”) Gutiérrez Gaytán. Un día como ayer, de 1957 murió Quirino Mendoza y Cortés, un gran mexicano, autor de la melodía “Cielito Lindo”, conocida en todo el mundo y considerada como el segundo Himno Nacional mexicano.

Pocos como Ernesto en las filas del periodismo local. Destacó en los aspecto “técnico” (formación: conocimiento de la “entrañas” de los periódicos –impresos- y el periodismo “literario” y, en su momento supo y pudo hacer el cambio que la modernidad –cibernética- demandaba.

Tan bueno fue como jefe de redacción –manejo de los diarios impresos- que como reportero. En esta función sobresalió en la cobertura de “fuente” policiaca. Para entonces eran ya, amplios sus conocimientos en todas las áreas de la empresa, gracias al acceso que tuvo en ellas, no por bonhomía de Mauricio Bercún, sino del entonces director, que lo fue por muchos años, don Leandro Martínez Bernal, de cuya “escuela” –sui géneris- muchos egresamos. En lo personal recuerdo a “El General” con mucho afecto y aprecio, no obstante que no pocas veces me hizo llorar de “rabia” por su forma de enseñar. Y puedo decir que nos formó, con aparente exceso de energía, pero siempre he asegurado también, que a nuestras espaldas celebraba y seguro estoy que hasta disfrutaba lo que hacía, porque sabía que estaba moldeando, modestia aparte, no sólo buenos reporteros, sino también hombres de provecho.

Vivir aquellas experiencias a los 15 años, y fuimos muchos los que pasamos por ello, no era cosa fácil, pero se llegaba al convencimiento, con no pocas mentadas de madre de por medio, de que se quería, de veras ser reportero. Luego llegaron, ya fogueados, Francisco Gamboa López y Ricardo Mendieta (puro chihuahueño, quiero decir; chihuahuense), quienes nos agarraron de patiños, “de sus puerquitos”, como luego se dice; pero igual, abrevamos de las fuentes del saber que representaron para nosotros los mayores. “Los golpes ingren”, reza el refrán y ¡Vaya que sí!

Yo empecé (perdón por hablar en primera persona, es necesario para llegar al meollo del asunto) en el Departamento Electrónica, recibiendo la información por medio de los teletipos, y fotografías por aparatos que en conjunto fueron los precursores de las redes sociales. La transmisión era por el sistema telegráfico, don Rubén –Hernández, si mal no recuerdo- se encargaba de conectar a horas acordadas las clavijas y nos mandaba la señal por un cable “aéreo”, por las azoteas desde el –vetusto, primero: moderno después- edificio de la administración de Telégrafos; seguía por sobre el hotel Río Grande, luego por la entonces Casa de Huéspedes Tina, que daba alojamiento a los fuereños que llegaban para operar El Heraldo tras la huelga de los 101 días, que dejó sin trabajo al cuerpo de Redacción y a las fuerzas básicas de casi todos los departamentos. Uno de los sobrevivientes, si no es que el único, es Juan Manuel Rodríguez García, quien conserva una gran fortaleza a sus 90 años. Como la máquina de tren: “Pita, pita y caminando”.

“De sangre le viene al Galgo”, dice el adagio popular: Ernesto Gutiérrez Gaytán fue de los mejores reporteros de policía que ha tenido Aguascalientes, fue sobrino de un reconocido periodista, Manuel Gaytán (Ma-gay). Quizá en ese éxito halló precisamente el motivo de las peores etapas de su vida y que sin embargo, a la postre lo hicieron ganarse la admiración de quienes conocimos esa fase de su trayectoria.

Uno o dos años mayor que yo, entró Ernesto a “talleres”, de ayudante de linotipista, los personajes que a la voz de “¡hueso”!, debían acudir corriendo literalmente a recoger de la charola del escritorio del Jefe de Redacción las notas o “material” que cual mastines demandaban, devoraban los insaciables operadores de aquellas máquinas, que se alimentaban de plomo derretido, que luego vomitaban en pequeñas piezas sólidas en cuyo “canto” aparecía la quemante tipografía. Hay aún quienes afirman que “hueso” era un adjetivo atribuido a los ayudante; siempre he diferido, sosteniendo mi teoría.

Llagada la oportunidad, fui transferido a ¡reportero de policía!, y Ernesto al Departamento Electrónico, etapa que aprovechó muy bien para meterse y conocer los entresijos del periódico, llegando a ser un experto, que le llevaría a viajar, como asesor de varios diarios. Yo me quedé anclado en la actividad reporteril, en la Primea Plana. Después se abrirían otras puertas, vendrían otras oportunidades.

Muy jóvenes aún, inexpertos en el control de nuestras vidas, y que fácilmente nos deslumbraban las más tenues luces, bien pronto caímos en las tentaciones, porque siempre sobran “amigos” dispuestos a saciar tu sed, pero no tu hambre. Quiero decir que siempre hay quien te ofrece una copa, pero no un brazo de apoyo para que te levantes. Pero Ernesto tuvo la fuerza y la voluntad para reincorporarse, aún hallándose en lo más profundo de la esclavitud que deben representar el alcohol y el tabaco. Por eso lo admiré y lo admiro y lo admiraré siempre, si bien, hay daños irreversibles, y los pagó, así fuere el precio tan grande como la familia.

Recibe, no un abrazo, Ernesto, porque estás en el mejor regazo, sino una oración –Dios tendrá en cuenta que sin prejuicios te persignabas ante Él, dirigiendo la vista hacia donde sabías que también te veía. Tan grande era tu fe, como grande fue el apoyo que en ella hallaste.

Descansa en paz, Ernesto, ya cumpliste tu jornada.

N.R. Sin duda compartimos lo arriba escrito por el destacado periodista Matías Lozano Díaz de León porque también fuimos parte de ese equipo, y de la escuela de DON Leandro Martínez Bernal, a nuestro juicio el mejor Director que ha tenido el medio periodístico en Aguascalientes. Respetuosamente, José Isabel Vela Pérez.