REQUIEM POR UN JURISTA

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Por. Alberto Woolrich*

Hace apenas unas pocas horas, recibí una llamada telefónica de un gran amigo Edmundo Cázares, en el que me informaba de una infausta nueva respecto del fallecimiento del Sr. Lic. Don Miguel Arroyo.

La noticia fue impresionante, demoledora.

Miguel y quién esto relata, no sólo fuimos hermanos de profesión, sino que participamos de manera activa y entusiasta en tratar de obtener un cambio para mejorar nuestro sistema de procuración e impartición de justicia, por desgracia se nos adelantó antes de ello.

Miguel –como le decía–, en plena madurez profesional mostró  facultades innatas de jurista de altos vuelos.

Fue postulado por múltiples organizaciones, barras, ateneos, academias de abogados para ocupar el honroso sitial de Procurador General de la República, dada su integridad e ilustración.

Lamentablemente Vicente Fox designó a otro.

Desde siempre estuvo incorporado a buscar mejoras en el sistema de procuración e impartición de justicia.

De ese anhelo de justicia, surgió entre Miguel y yo, una sólida y fraterna  amistad.

Para lograr nuestro objetivo, aún pendiente de realizar, encontramos el apoyo de Ricardo García Villalobos Haddad, quien fué y es nuestro padrino ante múltiples organizaciones profesionales.

Todas esas vivencias y muchas más, se agolpan el día de hoy en imborrables recuerdos. Por ello al conocer de su deceso, pienso que quizá se haya marchado uno de los más grandes idealistas del cambio en la justicia.

Se ha ido por siempre un jurista excepcionalmente querido y respetado.

Sólo hoy me queda invocar su agradable presencia, con el despido de una oración, para decirle: no serás olvidado nunca y pronto reanudaremos nuestras pláticas interrumpidas.

Descansa en paz.

 

Lic. Alberto Woolrich Ortíz

Presidente de la Academia de Derecho Penal

del Colegio de Abogados de México, A.C.