EL TIGRE DE SANTA JULIA VS EL TIGRE DE PEMEX

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Por Alberto Woolric (*)

 

En las postrimerías del reinado de Porfirio Díaz, los principales medios de comunicación, como ahora, publicitaron al máximo un asunto penal que tuvo gran celebridad, como ahora, me refiero sin duda alguna al jurado popular del “Tigre de Santa Julia” y al “Jurado Popular” que ha instaurado la Cuarta Transformación de la República en el caso del “Tigre de la Torre de Pemex”.

Hipólito Olea y Baltazar Garzón son en éstas impactantes e impresionantes casos las figuras principales a cargo de la defensa de los indiciados, ambos con éxito buscaron y buscan la libertad de sus defendidos, ambos delinearon perfectas estrategias para llegar a su objetivo.

En la primera causa fungió como Juez y Presidente de debates, el renombrado Telesforo Ocampo, en la segunda causa funge como acusador Alejandro Gertz Manero quien sin ser tan renombrado pretende obtener una ilusoria sentencia condenatoria.

En ambos casos y causas concurrían y concurrimos los procesados, sus defensores, así como el pueblo en general, en la primera diligencia la de Jesús Negrete “El Tigre de Santa Julia”, ella se llevó a cabo a puerta abierta en el Juzgado Segundo de Instrucción.  Según cuenta la historia jurídico patria el día primero de junio del año en cita, a las seis de la mañana, el Sr. Liceaga, director de la penitenciaría fue a comunicarle al Sr. Negrete que lo iban a trasladar a la Cárcel de Belén en el Tren Municipal, dado esto el “Tigre de Santa Julia” salió de su toilette vestido de charro con un traje nuevo, impecable, cortado a la medida, con cachirulos y adornos negros, ya que en el trayecto lo esperaba una multitud deseosa de conocerlo.

Una hora después llegó al Juzgado de Instrucción, en donde tenía que celebrarse la insaculación de jurados. Una vez concluida ésta, su muy brillante y joven defensor, cuya edad no superaba los 24 años, graciosamente expresó: “Rayo el alba y la insaculación se verificó”.

Una vez concluidos los trámites de insaculación el “Tigre de Santa Julia” fue internado en la cárcel general, donde se dispuso que fuera encerrado en la bartolina número 67, en donde sería estrictamente vigilado por genizaros.

El 9 de junio de 1908, comenzó  el jurado de  Jesús Negrete, la sala de jurados estaba repleta. No cabía una persona más. Así de importante se había convertido la causa del “Tigre de Santa Julia”. Como acusador fungia, el extraordinario y eminente jurista Don José María Lozano, como defensores de esa causa se designaron a los Lics. Carlos Belina, Agustín Arroyo de Anda, Carlos Gómez Rovelo, Benjamin Escamilla, Francisco Icaza, Jesús Urueta y por desde luego Hipólito Olea, inmensa pléyade de defensores, oradores y penalistas.

En la segunda causa la del “Tigre de la Torre de Pemex”,  las cosas cambiarían, en la audiencia y según se dijo por motivos de salud, la diligencia fue a puerta cerrada. Emilio Lozoya Austin no fue llevado a la cárcel, pero eso sí, dicho imputado lucía un impecable traje Brioni, color oscuro, sin cachirulos ni adornos. En ésta audiencia se dijo, ello sin comprobar, que la defensa y el ministerio público coincidieron al referir, ambos con impecable elocuencia “ACTA EST FABULA”, lo que traducido a castizo lenguaje significa “ésta acta es una farsa”. Ello así lo parece ya que el cachorro de Salinas no sólo no fue internado en la cárcel, como era lo jurídicamente aceptable, sino se le confinó a la bartolina de sus lujosas propiedades.

Jesús Negrete, vestido elegantemente de charro, rasurado y pelado a rape, fue debidamente esposado y custodiado por varios gendarmes.  Emilio Lozoya Austín, también elegantemente vestido, rasurado y con reciente corte de cabello, sin esposas, ni custodios, ni genizaros que lo cuidaran.

Por lo que hasta ahora se sabe ambos imputados, no eran, ni son, una blanca paloma, tienen coincidencias y diferencias, el de “Santa Julia” delinquió y el producto de sus hurtos iban a dar al pueblo, el de la “Torre de Pemex” también delinquió y el producto de su robos iba dar a campañas políticas para darle al pueblo pan y circo y por cierto él delinquia porque se lo ordenaban.

Ahora con estos datos juzgue Usted, cuál de los dos es más bribón.

Lic. Alberto Woolrich Ortíz. (*)

Presiente de la Academia de Derecho

Penal del Colegio de Abogados de México, A.C..