Una joya, entre las joyas de nuestro México

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CDMEX.– Está sobre la calle Francisco I. Madero número 4, luego de atravesar el Eje Central y a unos cuantos pasos del Palacio de Bellas Artes. Es un Palacio ubicado en el Centro histórico de la ciudad de México. FUTURO realizó algunos recorridos tanto en su interior como en su exterior.

Se trata de la “La Casa de los Azulejos” o también conocida como “Palacio de los Condes del Valle de Orizaba”. El inmueble fue construido durante la época virreinal, y se le conoce comúnmente por este nombre (más que por el título nobiliario de quienes le habitaron) debido a su cubierta de azulejos de talavera poblana que recubren la fachada exterior del edificio y hacen de esta obra una de las más bellas joyas de la arquitectura civil del barroco novohispano.

Cuentan que en el siglo XVIII se conocía con el nombre del “ Palacio Azul” y durante el periodo virreinal fue la residencia principal de los Condes del Valle de Orizaba. Uno de sus descendientes ordenó revistirle todo su exterior de azulejos en el siglo XVIII, con los trabajos en cantera de los balcones y molduras, que es como llegó el edificio a nuestros días.1

Fue habitado por los descendientes de la familia Condal hasta recién consumada la Independencia de México , a comienzos del siglo XIX,  cuando la propiedad fue adquirida por varios personajes destacados del país, hasta cambiarle su uso residencial, que es cuando el inmueble llegó a convertirse en la sede del conocido Jockey Club de México (1881).

Por un breve periodo se convirtió en la Casa del Obrero Mundial y hasta fue residencia de los Yturbe Idaroff.

Desde principios del siglo XX es la casa matriz de una conocida cadena de cafés, restaurantes y tiendas departamentales en México: Los almacenes Sanborns.

El edificio constituye uno de los principales símbolos de la ciudad, y así mismo es, uno de los principales puntos turísticos y de referencia de sus habitantes.

Ya en el año de 1917 el palacio es rentado por los hermanos Walter y Frank Sanborn para establecer en este lugar una de las cafeterías más concurridas de la ciudad en ese entonces, la cual se instaló originalmente en la calle de Filomeno Mata con un concepto innovador en la ciudad, el de una fuente de sodas y una farmacia, con el nombre de Sanborns American Pharmacy.

Por espacio de dos años, se le hace una readecuación de casi 2 años para adaptarlo al concepto que introdujeron a México los hermanos Sanborn y le agregan aparte un restaurante, tienda de regalos y revistas, así como una tabaquería, haciendo que desde su inauguración en el año de 1919, se convirtiera en todo un éxito y, hasta finales del siglo XX fuera uno de los restaurantes y cafés más concurridos de la ciudad, según se ha escrito en su historia.

LA TRANSFORMACIÓN

Es un sitio que brilla y hace brillar en su conjunto a esta zona por su originalidad y belleza: El lugar está inmerso en dos leyendas que le dotan de un singular valor, es hoy uno de los lugares más icónicos y bellos de la Ciudad de México.

La primera de las leyendas cuenta que esta casa, que perteneció primero en 1662 a Don Antonio Urrutia de Vergara, y que después fue heredándose entre sus descendientes, fue tapizada de azulejos por un desencuentro entre un padre y su hijo. Se dice que Luis de Vivero Ircio de Mendoza solía dedicarse únicamente a la fiesta y el ocio; por lo anterior, su padre le reprochó con el dicho que augura a que se espera un futuro fracasado, y le dijo: “Hijo, tú nunca irás lejos, ni harás Casa de Azulejos”. Luego de un tiempo, en un acto en el que comprobaba a su padre que su futuro de hecho sí era afortunado, el hijo mandó tapizar la fachada de la casa con azulejos.

Otra de las versiones cuenta que, por el deterioro del edificio, Doña Graciana Suárez de Peredo, Condesa del Valle de Orizaba, a la muerte de su esposo y después de vivir en Puebla, remodeló este inmueble con los azulejos tradicionales poblanos de talavera.

Desde principios del siglo pasado, la Casa de los Azulejos se fue volviendo un centro de reunión de intelectuales; primero en la época porfiriana ahí se congregaba la élite del momento, cuando el edificio era el Jockey Club de México; luego se convirtió en cafés, como lo es hasta hoy, un restaurante-café Sanborns.

La belleza del edificio es intrigante e inspiradora. La fachada es indudablemente su mejor atractivo; repleta de miles de azulejos con arquetípicas formas en tonos azules, columnas de cantera y algunas figuras talladas en este mismo material, forma un conjunto exquisito. En su interior un patio central típico de la arquitectura colonial es hoy el área de restaurante con una cálida iluminación y una fuente barroca que inunda al sitio de un discreto y serenador sonido. La parte de arriba, que forma un precioso balcón con vista al patio, está adornada de encantadores espejos, y las escaleras principales del lugar, con la majestuosidad de los antiguos palacios, están enmarcada por un histórico mural, Omnisciencia, del maestro José Clemente Orozco.

La Casa de los Azulejos es un edifico único en el mundo en cuanto a estilo, el cual hace un híbrido de lo más selecto de la artesanía mexicana, el estilo barroco y la arquitectura colonial. Lo mejor del lugar es quizá que, incluso cuando fue el espacio de reunión de la élite porfiriana, siempre estuvo abierto gratuitamente al público: un sitio donde conviven todo tipo de personas, abierto, como un espacio de la ciudad para la ciudad.

Y no menos importante, los grandes atractivos que están a su alrededor: El Palacio de Bellas Artes y la legendaria torre Latinoamericanas, sin omitir la joya arquitectónica, artística, religiosa y cultural de toda la época: el templo de San Francisco el Grande, pero…esa es otra bhistoria.