LA ABUELITA DEL NARCO Y ANDRÉS

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Por Alberto Woolrich *

No podemos ni debemos de olvidar la inteligencia y la gran sensibilidad desbordante de Epiceto cuando bien nos expresó: “El hombre sabio no debe de abstenerse de participar en el gobierno del Estado, pues es un delito renunciar a ser útil a los necesitados y una cobardía ceder al paso de los indignos”.

En la actualidad nuestra Cuarta Transformación de la República, quiérase o nó reconocer, se encuentra plagada de desconfianza, de falta de credibilidad, de alarmas, de recelos, de confrontas, de temores, de corrupción que algunos dicen fue heredada y otros afirman es aceptada e imitada. Como punto de arranque para haber logrado ello se encuentra la inquietud y zozobra de muchos mexicanos por la actitud de los <poderes facticos>, expresión que apunta muy singularmente al poder de la narcopolítica, en cuyas cúpulas dirigentes existe un muy identificado desprecio por México. Las tensiones son muchas y muy notables y notorias, especialmente las surgidas a raíz de aquél afecto denotado por el Señor Presidente de la República a la madre y abuela del narco. Además de la dureza y frecuencia de las acciones de la delincuencia y las cuales conllevan a crispaciones adicionales, proporcionando a ciertos jueces de desprestigio fáciles apoyaturas, argumentos, razonamientos, coartadas para mediante la corrupción lucrar con la justicia.

En la actualidad algunos que dicen saber y expresan que se llegó a un pacto no escrito entre el neoliberalismo de Peña Nieto y la Cuarta Transformación de Andrés Manuel y que además dicho pacto fue avalado por algunas importantes figuras de la oposición democrática. A cambio de benevolencias o pasividades de la Fiscalía General de la República.

Si existe o no existe ese pacto, la realidad de nuestro México parece abonar su existencia y efectividad, no obstante su ilegalidad. Día con día observamos con pesar que el poder  de la delincuencia aniquila, extermina, prostituye y denigra a la justicia la cual corrompe por la indignidad de ciertos funcionarios del medio de procuración e impartición de justicia, de esa justicia, adobada por las peculiaridades del neoliberalismo. Como mis queridos lectores verán a continuación, esas alianzas, esos pactos, esos convenios fueron creados de forma antijurídica y sin haber tomado consenso de la letra de la ley, como si nada hubiese ocurrido desde el reinado de Carlos Salinas de Gortari y su hermano Raúl, como si la Constitución no existiera y nada tuviese que ver con el cambio que se solicitó a través del voto en urnas.

Pero antes de ganar la desconfianza se perpetró  una innecesaria crueldad política jurídica en las palabras del Presidente cuando prometió combatir a la delincuencia con abrazos y besos, con la gracia del perdón. Ese fue un testimonio emblemático que ipso facto se trasladó al medio jurídico-penal, ya que en ese medio somos todos o muchos los que nos oponemos y pondremos obstáculos para amnistiar a delincuentes asesinos, a policías torturadores, a ministerios públicos, jueces y magistrados corruptos, a políticos saqueadores, a narcotraficantes, a servidores públicos enriquecidos con el dinero que es de México. Pero la cúpula de la narcopolítica impone al gobierno y a sus instituciones actuar contra el Derecho y contra la razón, consecuentemente contra la justicia y lo más grave, contra México. A nuestro parecer, no cabe el perdón en contra de los infractores de la ley penal.

 

Retomando la ilación de las palabras de Epiceto, sólo cabe preguntar ¿Se van a seguir absteniendo de participar? ¿Van a renunciar a ser útiles? ¿Van a seguir siendo cobardes cediéndole el paso a la indignidad?.

 

México vale y vale mucho más que esos miserables, tenemos que abrir la cárcel para ellos.

 

LIC. ALBERTO WOOLRICH ORTÍZ

Presidente de la Academia de Derecho

Penal del Colegio de Abogados de México, A.C..