CONSAGRACIÓN A DIOS PADRE PARA ENFERMEROS, DOCTORES y ASISTENTES DE LA SALUD.

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Ante el mal todos sufrimos y nos lamentamos y recurrimos a Dios, fuente de todo bien; pero Dios quiere que también nosotros luchemos y venzamos con la oración; para ellos esta nueva oración:

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    Oh Padre de misericordia, que nos has dado en tu Hijo amado al médico de alma y cuerpo, te pido que me sostengas en esta misión que me has encomendado, para ser tu caricia amorosa con el enfermo, bálsamo suave con el que sufre y suave rocío con el que agoniza, para que, conducido por tu amor maternal, sea para ellos la mano con que Jesús toca sus llagas, sana sus heridas y remedia sus enfermedades, con solicitud y cuidado.

    Te pido, Padre, que sea una prolongación de la obra salvadora de tu Hijo, que tuvo compasión con los que sufrían y a quien acudían, pidiendo remedio a sus males. Que el Espíritu Santo, medicina de Dios, a través de mis manos, les dé consuelo en la enfermedad, la sanación de su cuerpo, y el auxilio que necesitan para disponer sus almas a entregarse a Ti con amor y gozo, si fuera tu voluntad.

    Padre de amor, Dios bueno y providente, sostenme con tu amor en medio de la crisis que me provoca el dolor del hermano que sufre. Que sepa abrir mi corazón a Cristo, para orientar las almas hacia Ti, cuando el sueño de la muerte llegue a uno de ellos. Que me deje conducir por tu Espíritu de amor, para consolar a enfermos y familiares en medio del dolor que esto causa a mi corazón.

    Padre, te encomiendo a los míos, para que pueda cuidar de los tuyos, porque ésa es mi misión.

    Dame conciencia clara de que, entregando mi vida por amor, en este oficio que me has dado, es como puedo alcanzar la salvación
    y el gozo de llegar a tu presencia, cuando Tú lo dispongas.

    Padre, al iniciar hoy mi día de servicio, te repito con tu Hijo amado: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” “Padre, extiende tu mano para realizar curaciones, señales y prodigios en nombre de tu Hijo Jesús” (Hch 4, “Padre, derrama en mi corazón el amor del Fuego Abrasador”.

    María, consuelo de los afligidos, consuela mi corazón, para dar amor a mis hermanos en medio del dolor. José, protector de toda vida humana, cuida de mi vida, cuida de los míos y cuida de los que me son encomendados. Jaculatoria:

    Jesús, Tú que tocaste la piel del leproso con amor, presérvame de toda enfermedad, para que pueda servir a mis hermanos con esperanza viva y gran caridad.