Individualismo y consumismo, raíz de los males sociales de México y el mundo

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La transformación de un individualismo positivo a egoísmo y de un consumo necesario a consumismo, son productos de una dinámica cuyo punto de partida está en la magnitud y la velocidad tanto del cambio tecnológico, como de las transferencias de poder económico y de las alteraciones en las condiciones medioambientales, expresó Rolando Medeiros, en un pronunciamiento hecho llegar en exclusiva a FUTURO.

“Sus efectos han sobrepasado las capacidades de las instituciones responsables de proteger a la sociedad de los impactos negativos. A su vez, estas falencias institucionales han producido una pérdida de confianza y de compromiso de la gente con las formas actuales de acción social”, agregó.

El actual presidente de UNIAPAC, que agrupa a 40 de las principales organizaciones a la cuales pertenecen 40,000 líderes empresariales de Europa, América Latina, Asía y África, dice que esta pérdida de solidaridad se ha traducido “en un repliegue de las personas al individualismo y, para enmascarar el estrés subyacente, el consumismo aparece como una forma de evasión”, y de esta forma “consumimos más de lo que necesitamos y, por lo tanto, retroalimentamos la dinámica destructiva”.

Medeiros Soux explica que, el cambio global de los últimos 50 años, con los avances en ciencia y los cambios de tecnología y en las formas de organización, producción y distribución, han contribuido enormemente a mitigar el hambre y la enfermedad, y han generado riqueza sin precedentes a nivel mundial.

“pero esto no se ha conseguido sin costos sociales, físicos y económicos”, porque en los países en desarrollo la industrialización ha producido desórdenes enormes, como el abandono de trabajo agrícola, con desplazamiento masivo de población y una urbanización explosiva que ha creado hacinamiento, indigencia y polarización urbana.

El empresario, con inversiones en Estados Unidos, Sudamérica y Asia en diferentes rubros, -incluyendo medios de comunicación- hasta la metalúrgica, asienta que tampoco la industrialización de las economías en desarrollo ha logrado acortar las brechas de riqueza.

El ingreso per cápita ha crecido más rápidamente en los países desarrollados, pero, incluso en éstos, el crecimiento ha tenido costos, como la transición desde una economía industrial a una economía de servicios que ha provocado “trastornos en los mercados laborales, en las comunidades y en las familias que se manifiestan en la obsolescencia del trabajo manual, pérdida de oportunidades de empleos menos calificados y polarización entre ricos y pobres a nivel personal, urbano y geográfico”.

Hizo ver que la riqueza generada por la globalización es, en parte, producto de la explotación laboral en lugares remotos y el exceso de riqueza generado por las nuevas formas de producción y distribución, ha producido cambios en los hábitos de consumo de las sociedades occidentales, más allá de las necesidades básicas, hacia la opulencia.

“Estos aspectos destructivos de la dinámica global han presionado a los gobiernos, minando su capacidad de redistribuir equitativamente la riqueza generada. A su vez, puesto que han cambiado los modos de producción a modos crecientemente más globales, la capacidad de control de los gobiernos sobre corporaciones multinacionales ha disminuido”, reveló.

Y todo esto ha ocurrido repentinamente sin que los actuales líderes políticos e intelectuales pudieran adecuarse al doble desafío de atender los desafíos heredados y enfrentar, además, estos nuevos desafíos en forma efectiva. Por otra parte, el rápido desarrollo de las comunicaciones y las redes sociales hacen más evidentes las deficiencias parta enfrentar estos desafíos y aumentan los niveles de exigencia a las instituciones responsables de administrarlos.

El empresario quien asume desde Chile la gran responsabilidad de dirigir los destinos de la UNIAPAC internacional, revela que las respuestas de las organizaciones supra-nacionales han sido sólo reactivas y obstruidas por los conflictos de intereses entre las naciones que participan en ellas.

“El resultado es que el marco regulatorio internacional no es proactivo, es incompleto y muy débil. Pero no solo los gobiernos supra nacionales y nacionales se han visto sobrepasados por los impactos de la globalización: los nuevos desafíos son también regionales y locales, con lo que se generan tensiones y tendencias separatistas”.

Más aún, “la profesionalización requerida para enfrentar estos nuevos desafíos ha distanciado a las instituciones de las comunidades a las que atienden, entrometiéndose al mismo tiempo más y más en las vidas de las personas y asfixiando –consciente o inconscientemente- a las instituciones de la sociedad civil”.

“Puesto que su capacidad de resolver los problemas es cada vez más limitada, sus reacciones aparecen como inadecuadas, lentas y con consecuencias imprevistas o irrelevantes”, por lo que muchas comunidades se sienten abandonadas, ignoradas y hasta traicionadas, porque “en general, las instituciones han perdido la estima de la ciudadanía y se las hace cada vez más responsables por sus acciones e inacciones”, puntualizó.

La crisis de las instituciones y la pérdida de su autoridad, se ha traducido en la declinación de la participación de la gente en los procesos políticos y en el debilitamiento de los partidos políticos y de los lazos que mantenían unidos a las coaliciones de gobierno.

La raíz de los males

“En mi opinión, el individualismo y el consumismo que caracterizan actualmente alas sociedades constituyen la raíz de los males sociales que se viven en el mundo entero en forma generalizada. Hay un debate muy intenso y muy bien articulado en todas partes, por parte de políticos e intelectuales sobre esos males sociales: desigualdad, calentamiento global, degradación ambiental, agotamiento de recursos energéticos, corrupción, crimen organizado, etc. Sin embargo, al atacarlos por separado se están atacando frecuentemente los síntomas en lugar de las causas raíz”, planteó.

Además, “no hay en la actualidad un debate igualmente intenso y articulado sobre las virtudes sociales que son la base de los cambios de comportamiento individual y grupal que se necesitan para contener esos males sociales. Y, a su vez, es justamente en la promoción de esas virtudes sociales donde el mundo de la empresa puede hacer grandes contribuciones”.