libertad o libertinaje: no confundir jóvenes

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LIC. MARÍA GUADALUPE SALAS LUGO

Muchos nos jactamos de ser libres, de hecho ese es uno de los principales derechos como seres humanos, pero si le tomamos un poco de seriedad al concepto nos vamos a dar cuenta que si pensamos a la ligera sobre la aplicación a eso de ser libres, el primer riesgo en el que podemos caer será como la respuesta que pueden dar muchos jóvenes y que es parecido a los comerciales de la televisión. ¿Cuál es esta idea?  Muy sencilla: libertad es igual a hacer lo que me viene en gana; no tener ataduras; vivir la vida a fondo; no preocuparte más que del yo, del aquí y el ahora valiéndome un comino lo que piensen los demás.

Vayamos al otro concepto: Libertinaje. Se denomina libertinaje a un uso indebido de la libertad que supone el desprecio de la libertad ajena. El libertinaje puede manifestarse de diversas formas, pero siempre guarda relación con un uso de la libertad a contrario a principios morales básicos. En nuestra sociedad se valora la libertad como uno de las características más innatas del hombre, en algunos momentos y bajo determinadas actitudes se cae en el error de justificar cualquier tipo de acto que carece de una valoración de los demás pues es una línea delgada la que separa libertad de libertinaje.

Yo entiendo que la libertad es una condición mediante la cual el hombre puede orientar su voluntad a la ejecución de una acción o de otra independientemente de las circunstancias exteriores. Este tipo de facultad garantiza la autonomía de éste con respecto a su entorno. Se que la libertad en el ser humano no es absoluta, no podemos llevar a cabo todo lo que deseemos y en ello implícito el que algunas cosas las realizaremos en sociedad pues somos seres sociales por naturaleza, pero cuando hacemos mal uso de la libertad ahora si incurrimos en libertinaje cuando cometemos actos que atentan negativamente a los demás, incluso atentando con nuestra propia naturaleza.

Ahora, analizando la importancia del respeto a la libertad ¿qué significa aplicar mi libertad en la vida cotidiana? Sin ponernos de acuerdo en conceptos dados socialmente, la aplicación de la misma es un término muy subjetivo, cada uno es quien le da el significado que quiere, unida a las circunstancias y el lugar en que la vaya a emplear, entonces ¿cuál puede ser la mejor repuesta en mi posición social, en mi trabajo diario, en esa búsqueda continua e integral de ser una mujer libre?

Analizar mi situación personal no es nada importante, lo será más si a manera de bandera de trabajo pensamos en el recorrido de cada una de las mujeres  de todos los tiempos, las que buscaron la libertad y la aplicaron como esa facultad natural que poseemos como seres humanos y que hace obrar según la propia voluntad, con profunda independencia en todos los aspectos de nuestro actuar diario, y con la licencia de la conciencia de realizar aquello que  se estima fue lo más adecuando o conveniente a ese momento específico y ahí vivido.

Pero para ser honestos, y sin molestas quejas, me doy cuenta que aunque se han logrado avances, aún existe un largo camino para llegar a poner en práctica este término totalmente, ya que muchas veces, tomado para las acciones criticadas de una mujer, son sinónimo de libertinaje. No niego que de repente algunos actos si me sonrojan y me dan pena ajena, pero precisamente analizarlos  me hace tomar conciencia en el que sí y que no hacer en la vida, y poco a poco, no sé si sea la edad, tener mayor madurez y con ello la responsabilidad de mis actos, asumiendo las consecuencias de los mismos.

Aunque ambos conceptos –libertad y libertinaje-, parecieran semejantes, la sinonimia no podría estar más alejada de la realidad, la primera la empleamos para realizar actos o dejar de hacerlos con lo que va implícita la responsabilidad, mientras que en la segunda es el total desenfreno en actos y palabras. La diferencia esencial entre ambos términos está profundamente marcada por la palabra ética y la palabra moral. No obstante otra vez volvamos a esa subjetividad de la aplicación de los términos ética y moral, será el cuento de nunca acabar a definir en su totalidad ambos conceptos y más con las millones de cabezas que jamás vamos a pensar igual.

Sin duda muchas veces han pasado estas preguntas por mi cabeza y por la cabeza de todos o casi todos los seres racionales ¿Qué está bien y que está mal hacer como mujer? ¿Qué criterio empleo para realizar o dejar de hacer ciertos actos? ¿Qué tan libre soy para que en mis actos no me exceda y se transformen en libertina? ¿Qué tan libre soy para expresarme, para mostrarme? ¿Qué tan libre soy para buscarme una vida independiente y muchas veces cómoda aceptando “lo que sea” por continuar en esa situación? Preguntas todas las anteriores que me hacen llegar a la conclusión que carezco de esa libertad de la cual tanto alarde puedo hacer y que de atreverme a trasgredir esos límites de lo que moralmente se conoce como libertad seré acusada de libertina, conviene entonces mejor dar vuelta a la página y me regreso más cómodamente a la negación de esas preguntas con semejantes respuestas convirtiéndome entonces en solo una habladora más con alardes de libre.

Para que no me duela tanto, mejor me pongo a generalizar con las mujeres que puedo conocer en y a lo largo de la historia. Me queda claro que mi libertad de mujer implica el reconocimiento de esas ligas históricas, amorosas maternas y paternas que me hacen valorar mi pasado, en la capacidad de partir con la aceptación de mi esencia de mujer y luchar por el reconocimiento de las diferencias con el hombre desde el lugar donde yo esté, seguir escribiendo pero también actuando y hacer el llamado a que se sumen a ese trabajo a las millones de mujeres que habitamos este planeta, “dándome de santos” que lo hagan las que puedo convencer a mi alrededor, que seamos mujeres libres de pensar y actuar previo deseo y conciencia de la consecuencia de los actos.

Mi libertad de mujer va más allá de esa competencia absurda con el hombre por la igualdad porque no estoy en competitividad. Mi libertad no implica exclusión del mundo de lo masculino ni tampoco la superioridad o soberbia por lo femenino. Mi libertad de mujer va más acorde a la dignidad humana, de pertenencia a un tiempo y un espacio, del reconocimiento a quien soy y de donde vengo, a la aceptación de mi condición de mujer viva, muchas veces frágil y que debe aceptar ayuda, y con la certeza de que en la situación difícil puedo ser la más fuerte.

Mi libertad de mujer debe llevar implícito el no comprender y mucho menos aceptar a aquellas mujeres cuyo sufrimiento se queda en el espacio doméstico, en lo privado, en lo callado por no saber que tienen voz y que solo pueden ser titulares cuando su nombre sale en la nota roja de su asesinato. El no comprender por qué el miedo es su compañero cotidiano y que además de su verdugo, éste no las dejó vivir, que a pesar de que él tiene nombre y apellido y lo puede identificar plenamente para sacarlo de su vida con una sola palabra, con una sola denuncia, no tienen el valor de decir ya basta y salir de ahí.

Mi libertad de mujer me dice que no debo entender como es que aun existan mujeres que en lugar de amarse a sí mismas, aceptan a un hombre que no las ama y no las merece porque ellas mismas han olvidado la palabra respeto y aún más, asumen como suya la responsabilidad de haber recibido insultos o golpes por aquello que “hicieron mal” y no querer ver que lo que realmente hacen mal es resignarse y “cargar su cruz” haciendo con ello amarga su existencia y la de quienes las rodean.

Mi libertad de mujer implica la crítica de quienes establecen públicamente el tamaño correcto de la falda, y la responsabilidad de nosotras y nuestros escotes y faldas cortas para ser violadas o asesinadas, mientras ellos mismos no hacen nada por presentar políticas públicas y terminar con una cultura machista y sexista, terminar con los feminicidios y la violencia de genero a todo lo largo de nuestro país. Nimiedades para ellos cuando lo que realmente importa es la defensa del ser humano y todo el valor que como tal debe tener. Que quede claro que igualdad  no es sinónimo de todos parejos, sino del reconocimiento de los géneros con todas sus capacidades o discapacidades que también hasta para eso se es libre.