Llamado de Juan Pablo II a los maestros y su vista visita a la ciudad de Aguascalientes

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A 28 años de distancia, Juan Pablo II sigue dando de qué hablar, pues su mensaje de aquel 8 de mayo de 1990 en el aeropuerto de Aguascalientes, aún resuena en no pocos educadores de hoy, maestros y padres de familia, entonces adolescentes estudiantes, que hicieron vaya al paso del Papa de origen polaco, que dijo ser mexicano y que se sintió orgulloso de estar en la tierra de la gente buena y “de los corazones calientes” como él les diría.

Luego del saludo a los presentes, el hoy San Juan Pablo II habló de la misión del Papa de confirmar en la fe a sus hermanos. De la transmisión de la fe: los padres, la familia. Labor de los maestros en la educación de la niñez y la juventud, además de los desafíos de la nueva sociedad.

Destacaría que educar es tarea de todos, y exhortó a mejorar cualitativamente la enseñanza. Y rogó por una educación para el trabajo y para las virtudes, del amor a los alumnos y deberes cívicos.

Hizo ver que la Iglesia pone su confianza en los valores de la cultura mexicana, pero no omitió los prejuicios infundados que aún prevalecen, y exhortó a “!Abrid a Cristo el mundo de la enseñanza!”.

Por ello es que Aguascalientes se confirmó como lugar de luz y esperanza no sólo del país, sino de todo el Continente; por ello se explica los continuos ataques a la fe, a la iglesia católica, a la familia y a la cultura de la vida, para poner sobre nosotros el pecado, la división y el ateísmo.

“!El Papa no ha muerto! Lo han dicho la voz autorizada del Vaticano y las voces múltiples y variadas de los medios de comunicación social de todo el mundo, en todos los idiomas y lo han avalado las voces tristes y sonoras de las campanas de todos las catedrales y templos del mundo y ha sido sellada y confirmada por los miles, tal vez millones de rostros afligidos, y de lágrimas silenciosas de tantos ojos que así expresan su dolor callado y de tantos corazones afligidos por la pérdida de quien fuera su padre, su guía, su maestro o por lo menos un hombre extraordinario, un ser universal, que hizo oír su voz sonora, fuerte, clara y limpia por todos los rincones del mundo”, escribió don Rafael Muñoz Núñez, en la edición especial 153  de FUTURO, del 15 de abril de 2005.

Con una imagen de portada de Juan Pablo II junto a la imagen de la Virgen de la Asunción, llevó el título: “Sigue con nosotros”, y le frase de “…él está vivo, más vivo que nunca…”, con un contenido escrito y gráfico que mereció el reconocimiento del Vaticano.

Juan Pablo II subrayaría que: “Una nueva perspectiva de contactos entre Iglesia y comunidad política de este país se está configurando en nuestros días. Y en esta nueva fase de mejor de mejor entendimiento y de diálogo, la Iglesia quiere ofrecer su propia aportación, sin salir del marco de sus fines y competencias específicas”.

“Es un hecho –continuó- que la cultura y la educación en México se está abriendo en estos tiempos a más amplios horizontes. El contexto de la comunidad internacional inicia una nueva fase de su historia, y ello tendrá sus repercusiones también aquí en un futuro no lejano”, advirtió en su mensaje que aparece en el amplio reportaje de nuestra revista impresa “NUEVA SOCIEDAD”, que dio cuenta en detalle de este acontecimiento y distinción para Aguascalientes y México.

Subrayó que la cuestión educativa es responsabilidad de todos, que las diversas instancias de la Nación favorezcan todas las iniciativas que conduzcan a elevar cada vez el nivel de enseñanza, de manera congruente para estimular estas innovaciones por el bien de todos.

“Queridos maestros: como profesionales de la educación y como hijos de la Iglesia Católica sois conscientes de que conseguir unos objetivos elevados no depende sólo de los sistemas pedagógicos. El mejor método de educación es el amor a vuestros alumnos, vuestra autoridad moral, los valores que encarnáis. Este es el gran compromiso que asumís, antes que nada, ante vuestra conciencia. Sabéis que no podéis transmitir a vuestros alumnos una imagen decepcionante del propio país, debéis enseñarles a amarlo fomentando aquellas virtudes cívicas que eduquen a la solidaridad y al legítimo orgullo de la propia historia y cultura”.

Refirió que los valores humanos y cristianos están llamados a liberar todo ese potencial civilizador que aún no se ha manifestado plenamente.

Casi para terminar desatacaría: “pero mi exhortación de hoy a vosotros, maestros católicos, es ¡abrid a Cristo el mundo de la enseñanza! De modo firme y paciente hay que ir mostrando cómo en Cristo encontramos plenamente impresos los verdaderos valores humanos, y cómo está en El, el sentido de la historia, encaminada a la unión personal y comunitaria de todos con el Dios uno y Trino”.

Pediría la protección de Nuestra Madre, la Virgen María “pidiéndole muy especialmente por vuestros hijos, por todos los jóvenes, que son la esperanza de la Iglesia.

“Muchas gracias, muchas gracias, quiero decir a vosotros que el nombre de Aguascalientes es un nombre muy lindo, muy bello. Para mí es un nombre que recuerda siempre a México, a los corazones calientes. ¡Cómo se puede decir a México que no tiene corazones calientes! Entonces Aguascalientes es un nombre simbólico, para decir México se puede decir Aguascalientes. Hasta otra vez. ¡Adiós!”.